Al parecer, el Fondo Nacional de Fomento de la Cultura y las Artes y el destacado fotógrafo Alfredo Molina la Hitte no fueron hechos el uno para el otro. Yo que me he empecinado en juntarlos, pero no pasa nada. Y harto empeño que le he hecho.

Estas actitudes de celestina se iniciaron por allá por el año 2002, cuando conocí a la hija del autor, quien guardaba, al interior de un baúl, uno de los más grandes tesoros que puede encontrar un amante de la fotografía patrimonial como yo: una colección de más de 9.000 placas fotográficas de su padre, que retrataban, principalmente, las actividades del espectáculo chileno de mediados del siglo XX. Me propuse, inmediatamente, dos objetivos: lograr que la Biblioteca Nacional comprara una muestra representativa de los materiales de la colección, y que el Fondart apoyara su conservación. Tras un largo proceso, logré la primera meta, pero del Fondart, nada.

Dos años más tarde, conociendo ya de manera más completa la obra del artista y gratamente sorprendido por sus inigualables fotografías, particularmente aquellas del mundo del espectáculo frívolo, ese de plumas y lentejuelas que marcara una época dorada de recintos como el Bim Bam Bum y el Picaresque de mediados del siglo pasado, presenté al Fondart el proyecto "Las vedettes de Alfredo Molina la Hitte", que consistía en el montaje de una exposición, catálogo incluído, con los retratos de las más hermosas mujeres que hicieron soñar a nuestros abuelos. La Biblioteca Nacional nuevamente se cuadró con la iniciativa. ¿Y el Fondart? Ná ni ná.

A la tercera debía ir la vencida, pensé yo. Así que este año, la cosa iba por otro lado: hacer una investigación histórica-estética, de manera de poner en valor la obra fotográfica de Molina la Hitte, entrevistar a los y las protagonistas de los retratos, complementando así, con el anecdotario tras bambalinas, la monografía sistematizada elemental. Contando con el compromiso de Editorial Pehuén y de las editoras de la colección "Relatos del Ojo y de la Cámara" para publicar la investigación el próximo año, y con la Biblioteca Nacional para la difusión y puesta en operaciones, adivinen lo que pasó con el Fondart...

Quedé en la lista de espera. Al menos me voy acercando. Algunos me han dicho "siempre corre la lista de espera"; otros, "nunca corre"; incluso por ahí, "a veces corre". Mientras tanto, el genio de Molina la Hitte tendrá que seguir esperando a ver si en algún momento se produce por fin el ansiado acercamiento. Yo, por ahora, me aprovecho de esta tribuna, bastante escuálida aún por cierto, para mostrarles algo de éste destacado artista, que algún día, no me cabe duda, lograré poner en escena.